Película

DE NIÑOS
El barrio chino, ahora rebautizado barrio de El Raval (volvemos al Gatopardo) es una de esas zonas que necesita un maquillaje urgente, que queda muy cerca de las Ramblas, no vaya a ser que un turista desorientado vea por error esa Barcelona que no aparece en las guías.
Hay muchos intereses en juego, una gran tarta que se repartirán arquitectos, políticos y especuladores, quitando del paisaje a putas, semidelincuentes e inmigrantes, y poniendo en su lugar papeleras y farolas de diseño, y parques infantiles no aptos para juegos de niños.
No es muy difícil echar a toda esa chusma, no ponen mucha resistencia, basta con prometer aquello que se sabe que no se va a cumplir, y se irán de sus casas sin rechistar, tan contentos.
Pero hay un problema. Un pequeño imprevisto, pero nada que los todopoderosos no puedan solucionar. Resulta que unos cuantos desalmados, que además son miembros de importantes asociaciones y entidades del Raval, tales como La Asociación de Vecinos del Barrio, Centros de ayuda a niños menores etc..no están dispuestos a abandonar el barrio, y se empeñan en luchar por mantener la identidad y el espíritu del lugar, oponiéndose a convertir El Raval en la Barcelona de diseño e impersonal que los otros pretenden.
¿Cómo acabar con ellos? ¿Cómo conseguir que cedan?
Un pedófilo que andaba por allí será la solución. Xavier Tamarit fue el fundador del Casal de los niños que había en el barrio, donde seguía desempeñando un cargo. Trabajó durante toda su vida con menores, ocupando diversos cargos, incluso al servicio de la Generalitat. En el Raval corrían rumores sobre su pedofília, y hasta se le acusaba clandestinamente de abusar de los niños. Con esta historia, los todopoderosos encontraron la manera de perjudicar a los menospoderosos miembros de asociaciones del barrio, y deshacerse de ellos.
Exageraron el caso de pederastia de Tamarit, y lo engordaron tanto que implicaron también a algunas de esas asociaciones que seguían luchando por el barrio, y para las que el pedófilo trabajaba. Y a los medios de comunicación, claro, tan imparciales ellos, les faltó tiempo para colaborar a inflar la noticia, pues un titular que destape una de las redes de pederastia más grandes de Europa es mucho más jugosos que el de un pedófilo onanista que fotografía a niños desnudos.
Pero las evidencias son difíciles de disimular, y poco a poco fueron dejados en libertad una serie de acusados, y se planteó la manipulación del caso por parte de la Guardia urbana y de aquellos grupos inmobiliarios con intereses en la zona, que habían facilitado la detención de personas ajenas al caso.
Finalmente, sólo unos pocos acusados son procesados. El pedófilo y 4 personas más, gente de miseria moral y económica, entre ellos padres que consienten la relación del pederasta con sus hijos a cambio de 1.000 o 2.000 pts.
Y llega el juicio, y con él, los perceptibles paralelismos entre este proceso y el de Kafka, incitan a una reflexión sobre el sistema judicial español. Cuesta dar crédito a lo que ocurre en esa sala, que no será ni más ni menos que lo que acostumbra a ocurrir en todas las salas, día sí, y día también. Abogados y fiscales torpes, con evidentes carencias para desempeñar con correción el cargo que han asumido, una acusación que muestra una preocupante falta de interés por poner un poco de luz al caso, médicos y psicólogos que no dicen ni que sí, ni que no; oye tú, que todo puede ser, dudas razonables que son ignoradas por completo, periodistas que hacen quinielas con la vida de los acusados. Y el juez. Ayy, éste no tiene desperdicio. Un juez prepotente y arrogante, que es cualquier cosa menos imparcial. "Oiga señor juez, que en estas fotos las niñas llevan el bañador puesto" "¡Qué importa si llevan bañador o van desnudas, no entremos en detalles!"
Un juez que se permite el lujo de quedarse profundamente dormido entre testimonio y testimonio, porque claro, sólo tiene entre sus manos la libertad de un hombre. ¡Qué digo un hombre! De un marginado. De un cabeza de turco que, como el K de Kafka, ha sido una marioneta sometida a la voluntad y poder de unas fuerzas desconocidas que escapan de su control.
Y todo esto que os he contado es lo que se puede ver a lo largo de las 3 horas de película filmada por el director y guionista catalán Joaquim Jordà, 188 minutos que no tienen desperdicio, escogidos con lupa de entre las más de 150 horas de material que rodó el director. Supongo que la realidad es manipulable y ambivalente, pero las imágenes son las que son, y las palabras son las que son, y luego que cada cual saque sus propias conclusiones. No sé si la mia ha quedado suficientemente clara, pero el documental supone una mirada a las relaciones entre los poderes y los ciudadanos, un apasionante reflejo de los hilos que mueven nuestra sociedad altamente recomendable.
Director:
Intérpretes:
Otros Datos de intéres:
Año: 2008
País: España
Distribuidor: Divisa
Si quereis, se puede ver un pequeño fragmento de la película en esta dirección.
ravalnet.org/ravalmedia/raktvteb/deniños/index.htm
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